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La historia de un duelo difícil tras la muerte de un hijo

La historia de un duelo difícil tras la muerte de un hijo

 

 

La muerte de un ser querido deja una huella. Una cicatriz que con el paso del tiempo suele dejar de doler con tanta intensidad para ir suavizándose poco a poco, sin llegar a desaparecer, convirtiéndose, en un fiel acompañante.

 

Las muertes que dejan una herida más profunda son las inesperadas, las inmediatas, las traumáticas, las trágicas, las violentas, y, la de los hijos.

 

Una de estas muertes que más me impactó, siendo una jovencita, fue la que vivió una pareja de conocidos. Esperaban a su hijo llenos de alegría y emoción. Era el primer hijo, el primer nieto, el primer niño de la cuadrilla de amigos. Fue un embarazo fantástico. Llegó el momento del parto, surgieron complicaciones y a las veinticuatro horas de nacer, el niño murió.

 

La madre, pasaba todas las horas posibles junto a su bebé. No quería que estuviera sólo ni un instante. Su muerte, le sumió en una depresión muy fuerte. Ver a otros bebés por la calle recordaba su pérdida, su rabia, su impotencia e incrementaba su dolor. Se encerró en casa. Era una mujer joven.

 

Estuve con ella alguna vez, cuando tenía fuerzas para tomar un poco el aire. Se sentía poco o nada comprendida por su entorno. No podía hablar con su marido del niño porque éste cambiaba de conversación. Ella necesitaba expresar todo lo que estaba sufriendo y él, vivía su dolor hacia dentro, de manera callada. No fue una etapa fácil para ellos.

 

Cuando hablaba otras personas, le decían que era joven, que no se preocupara que tendría más hijos, que su hijo apenas había vivido unas horas y eso no era vida. Su rabia iba en aumento, al ver que la gente posiblemente con buena intención y ninguna empatía, intentaba apoyarle, sin darse cuenta de que lo que provocaba en ella era un dolor más intenso.

 

Fue un duelo muy complicado, difícil y largo en el tiempo. Teníamos una amiga en común que solía comentarme cómo se encontraba. Pasaron varios años, casi diez. Me enteré de que acababa de ser madre de nuevo y que todo había ido bien. Me alegré muchísimo por ellos, en especial por ella. Sabía que le daba mucho miedo quedarse embarazada y perder a otro hijo. Tuvieron dos niños.

 

No es fácil lidiar con el dolor, ni con la rabia. Además de sentir un gran amor, debemos estar abiertos a escuchar abiertamente, a ser empáticos, a no juzgar ni criticar, y de esta manera, podremos servir de apoyo en momentos críticos.

 

La imagen está tomada de internet. Desconozco quién es su autor.

12/05/2017 18:13:52 Pepe Lasala
Esta entrada conmociona, la verdad es que se trata de algo muy duro... me quedo sin palabras. Un beso grande Mª Eugenia.
12/05/2017 19:10:05 Spiral Áurea
Hola Pepe,

Si es una historia dura. Y aunque haya pasado el tiempo, hay cicatrices que siguen doliendo.

Besotes.
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