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Acompañando a nuestras mascotas en su adiós

Acompañando a nuestras mascotas en su adiós

 

 

 

Es difícil decir adiós a un ser querido, ya sea un allegado, un amigo, una mascota. Quizá estamos más acostumbrados a despedirnos de familiares, de conocidos. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando se trata de nuestros animales?

 

Las mascotas forman parte de nuestra familia. Compartimos con ellos el día a día. Damos y recibimos amor y cariño. Son grandes compañeros de vida e incluso, algunos de ellos, se convierten en maestros que nos enseñan y recuerdan el valor de la generosidad, de la compañía, del amor desinteresado. Y cuando se marchan, cuando mueren, dejan un gran vacío en nuestro corazón.

 

Cuando un animal llega a nuestras vidas, le acogemos, le cuidamos, le enseñamos, le alimentamos. Se integra, llegando a ser un miembro más de la familia. Somos su referencia, nos convertimos en su líder, en el jefe de su manada. Confían plenamiente en nosotros. Desde el comienzo hasta el último suspiro de su vida.

 

Sí, es díficil despedirse a un viejo amigo, de un compañero de aventuras, de ese ser que nos recibía alegremente cuando volvíamos a casa, que nos alegraba con su canto, o se hacía un ovillo en nuestro regazo.

 

En la medida que podamos, sería importante que también les acompañáramos en su despedida. Que estuviéramos junto a ellos hasta el último instante. Los animales son muy perceptivos. Saben lo que les sucede y va a ocurrir. Lo intuyen.

 

Por ese motivo, siempre que fuera posible, sería bueno que estuviéramos junto a ellos. Tanto para ellos como para nosotros. Es un acto de amor. Acompañarles, que no se sientan solos, que siguan sintiendo el cariño y el contacto. Les ayudaremos a que su tránsito sea más suave y fácil. Todos deseamos morir en paz, en calma, con tranquilidad y a ser posible rodeados de las personas a las que amamos. Ellos también. El vínculo que se estableció, la unión que hay entre ellos y nosotros, es amor. Amor que no se desvanece y se pierde, porque el amor es eterno.

 

Mi padre tuvo un gran compañero: B, un labrador mezcla de retriever. Vivieron juntos más de doce años. Eran uña y carne. Cuando B, ya era mayor estaba sufriendo mucho, tenía mal la cadera y no podía andar; y además, estaba casi ciego. Era un proceso irreversible en el que cada día que pasaba, el dolor era más grande. El veterinario le recomendó a mi padre que se preparara para lo peor y que lo mejor para B, era administrarle la inyección. Mi padre, pensó que la situación no era tan inminente y podía mejorar. Le llevó a casa y le cuidó.

 

B, iba empeorando. Mi padre contaba que un día, B, se le acercó y le miró de una manera especial. Esa mirada lo decía todo. Se le rompió el corazón. Ese día, sintió y tuvo la certeza que B, ya no tenía fuerzas para seguir viviendo. Le habló a B, le explicó lo que iba a suceder. Comentaba que esa noche B, descansó más tranquilo.

 

El veterinario le dijo que podía dejarlo en la clínica el día anterior y que le llamaría cuando B se hubiera ido. Mi padre dijo que no; que él quería permanecer junto a B el mayor tiempo posible. Despedirse de quién había sido su maestro y compañero de vida.

 

Lamentablemente, mi padre no pudo acompañarle en el último momento. Creyó estar preparado, pero sin embargo el dolor era tan grande que no tuvo la fuerza necesaria para afrontar ese momento. Sintió que de alguna manera le había traicionado. A los días de su muerte, escribió una carta expresando todo lo que había supuesto para él la relación con B. Era muy emotiva, solo había palabras de amor y agradecimiento para quién había sido su compañero fiel y leal.

 

Ahora que se va a cumplir justo un año del fallecimiento de mi padre, he querido recordar esta historia tan importante para él. B, murió unos pocos años antes que mi padre y él siempre le recordaba. Le echaba de menos. Y aunque tuvo otros perros, ninguno era como B.

 

Al fallecer mi padre, B, le estaba esperando y los dos volvieron a estar juntos. Se volvieron a reencontrar. Se que mi padre es feliz junto a B, y que B también lo es al lado de mi padre. Siguen cuidando uno del otro. Para mí, es importante el saberlo.

 

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