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Acompañando en el último adiós

 

 

Hace unos días, una persona me preguntó cuándo iba a fallecer un familiar que estaba en una situación crítica, prácticamente terminal. Di por hecho, que la persona estaba recibiendo cuidados paliativos.

 

Le respondí que la muerte, no se sale reflejada en las cartas, y nuestros guías tampoco suelen responder a estas cuestiones. La información que suelen facilitar es la de cómo va a ser el tránsito de la persona que está moribunda.

 

Le comenté que no podíamos saber la fecha pero si que podemos acompañar a nuestros seres queridos durante todo este proceso y prepararnos para vivirlo y atraversarlo de la mejor manera posible tanto para ellos como para nosotros.

 

Y ¿cómo acompañamos a un moribundo? Desde la presencia, con luz y amor. Podemos hacerlo tanto físicamente, presencialmente, como en la distancia. La energía no entiende de barreras, ni de kilómetros, es todo uno. Cuando amamos, cuando queremos, cuando existe un nexo de unión, un vínculo especial con una persona, podemos llegar a sentirnos identificados con ella, aunque estemos en el otro lado del planeta.

 

Es posible que hayas vivido alguna de estas experiencias como por ejemplo cuando tu hijo no lo está pasando bien y sientes intranquilidad, o cuando comienzas a pensar en un amigo o un allegado al que no ves hace tiempo y sientes la "necesidad" de ponerte en contacto con él y al hacerlo descubres que está atravesando una mala racha o que se ha casado y es feliz. Sentir esa conexión tan intensa con una persona, también la experimentamos cuando se trata de acontecimientos positivos.

 

Acompañar a un ser querido, es un acto de amor. Acompañar va más allá de la presencia física. Podemos estar al lado de una persona y no haber acompañamiento. Cuando acompañamos lo hacemos desde el corazón, desde la escucha, la empatía, el silencio, la observación, la ternura, la risa; en definitiva, desde la presencia. El nexo de unión, es el amor. El amor por el otro.

 

A lo largo de estos últimos tiempos, en el que el confinamiento ha impedido que pudiéramos estar junto a nuestros familiares, hemos acompañado desde la distancia, y llenos de amor. Es cierto que desde la distancia no podemos acariciar, tomar una mano; pero podemos hacer que  llegue y se sienta nuestro amor, y todo ello, ayuda que a la persona no se sienta sola.

 

A lo largo de mi vida, he acompañado tanto físicamente como en la distancia: a amigas, a mi padre, a mi suegro, a familiares de amigos y de personas que requerían mis servicios en consulta, y también a personas desconocidas que necesitaban ser acompañadas.

 

No siempre resulta fácil acompañar a un moribundo, porque ves la muerte. Son muchas las emociones que se experimentan, mueve y remueve por dentro. Te deja tocado y además, a la vez, que acompañas estás viviendo tu propio proceso de duelo.

 

Cada persona es un mundo y también lo es ante la muerte. Afloran los miedos, la inseguridad, la incertidumbre. Quién está atravesando este proceso, conoce que su marcha está cerca. No sabe cuándo será, pero lo siente. A veces calla por no hacer sufrir a sus familiares.

 

Son muchos los recuerdos que tengo de los distintos acompañamientos que he vivido. Uno de los que más me ha marcado fue el de mi amiga Pilar. Recuerdo como si fuera hoy las conversaciones que teníamos. Estaba ingresada en el hospital oncológico. Era una mujer muy especial, muy sabia. Estaba convencida que iba a morir el día de su cumpleaños pero vivió unos meses más.

 

A lo largo de estos tres meses "extras" pudimos hablar de la vida y la muerte, de cómo quería que fuera su funeral o dónde quería que depositáramos sus cenizas. Lloramos, reímos, estábamos en silencio y charlábamos a ratitos. Era ella quién marcaba la pauta. Estuve acompañándole físicamente durante mes y medio y después por distintas circunstancia, lo hice a distancia. Fueron tres meses muy intensos, muy plenos, muy impactantes. Aprendí mucho sobre la vida y la muerte.

 

No siempre nos sentimos o estamos preparados para acompañar a un moribundo. Si te encuentras en esta situación en esta disyuntiva, no te sientas culpable por ello. En esos casos, si así lo sientes, mándale y mándate mucha luz y amor. Llegará y hará su trabajo.

 

Si tienes la oportunidad de acompañar, y así lo sientes, ya sea físicamente o en la distancia, te animo a que vivas este proceso. Ayudarás a quién lo necesite, no se sentirá solo y su tránsito será más fluido. Darás y recibirás. Experimentarás amor.

 

Acompañar, es una experiencia única, un aprendizaje de vida ante la muerte, donde conoces lo que significa amar, dar y recibir amor; donde afrontas tus miedos y descubres que se desvanecen cuando eres amor, cuando eres presencia.

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