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Diciendo adiós a nuestras mascotas: carta de despedida

 

Imagen: Pixabay

 

 

Queremos a nuestras mascotas. Forman parte de nuestra familia. Son uno más de nosotros.

 

Cuando llega el momento de su partida no siempre tienes la oportunidad de acompañarle en su adiós, bien porque está en el veterinario, al cuidado de otras personas, porque estás trabajando, porque no estás preparado para atravesar este tránsito, porque tu dolor es tan intenso que no te permite estar junto a él...

 

No existe una manera única de decir adiós. Y hacerlo, no resulta fácil. Sin embargo, realizar un sencillo ritual de despedida, puede ayudarte a superar su muerte.

 

Hay tantas maneras de decir adiós como personas somos. Te proponemos un sencillo y amoroso ritual de despedida: escribirle una carta.

 

Escribe unas líneas, unos párrafos, un poema. Lo que nazca de tu corazón. Cuéntale todo lo que sentías y sientes por él, todo lo que te aportó, ayudó, acompañó.

 

Te mostramos un ejemplo. Puedes cambiar las palabras y poner las tuyas; hazlo a tu manera. O si lo prefieres, puedes utilizar esta carta a modo de guía. Esta carta está redactada para un perro; pero puedes adaptarla pensando en tu mascota (gato, cobaya, conejo, pájaro...) cualquier animal que sea o haya sido tu animal de compañía.

 

Una vez escrita, ¿qué hacer con ella? Puedes guardarla, ponerla junto a sus cenizas o a algún recuerdo suyo; quemarla y esparcirla o enterrarla junto con tu mascota. Escucha a tu corazón, déjate guiar por él.

 

Mi querido Lug, mi hermano, mi amigo, mi compañero. Siento tanto dolor por tu marcha, que aún me duele el alma .

 

Quería abrirte mi corazón una vez más, decirte cuánto significabas para mi. Fuiste un rayo de luz en mi vida. Quise decirte adiós tantas veces pero no pude. Mi dolor era tan profundo que me deshacía por dentro. Hoy por fin, puedo hacerlo.

 

Quiero darte las gracias por todo lo que aprendí y recibí de tí. Siempre leal y fiel. A veces travieso. Cuántas veces tuve que salir detrás de ti porque te escapabas y además corrías más que yo. Te encantaban los paseos por el campo, olisquear todo, las flores, la hierba. Juntos descubrimos lugares estupendos y preciosos.

 

Me duele tu ausencia, miro hacia tu rincón, y ya no estás ahí. Sigues y estás en mi corazón. Echo de menos tu calor, tu mirada, tu alegría cuando salías a recibirme al llegar a casa. Tu cariño cuando estaba triste, tu vitalidad cuando salíamos a pasear. Echo tanto de menos tu presencia en mi vida.

 

Ahora, sonrió al recordar cómo me enfadaba cuando cogías mis zapatos y los mordisqueabas, o cuando jugando con la pelota verde, rompiste el jarrón de cristal de la mesita de la entrada, o cuando te tumbabas en mi cama llenándola de pelos. Y cuando te reñía, ponías carita de no haber roto un plato,

 

Me enseñaste que hay que vivir el momento presente. A que todo pasa, a que la vida está llena de instantes únicos. Me diste fuerza cuando ésta me faltaba, y alegría en mis días tristes.

 

Te fuiste tal y cómo eras, con tu dulce mirada en los ojos. Sé que estás en un lugar estupendo, junto a otros perros y animales. Sé que cuidas de mí, de la misma manera que lo hacías cuando estabas conmigo.

 

Y a pesar de saber todo esto, te echo tanto de menos.

 

A veces me atrapa la culpa, siento que pude haber hecho más, que podía haberte cuidado mejor, estar más atenta a tus necesidades.. Me asaltan los "y si hubiera hecho esto o lo otro", pero después me doy cuenta de que hice todo lo que estuvo en mis manos para que estuvieras bien.

 

Hemos compartido tantas cosas juntos... Si, te echo de menos, mi  viejo amigo y mi fiel compañero.  Hasta siempre. Gracias.

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